Se enfatiza que la fe debe fundamentarse en la experiencia personal con Jesús, no en la sabiduría humana ni en las experiencias de otros. Se advierte que la fe basada en la sabiduría de los hombres es volátil y puede ser cambiada por otro "más sabio".
Se argumenta que la gente cambia a través de un "encuentro personal con Dios", no por los años de permanencia en la iglesia o por ser cristiano. Se critica que algunos, a pesar de llevar años en la iglesia, mantienen los mismos hábitos y problemas porque carecen de esa intimidad con Dios.
Se destaca la importancia de la intimidad con Dios, señalando que quienes tienen poco tiempo en la iglesia pero mucha relación con Dios han entregado su corazón. Se diferencia entre ser un espectador en la iglesia y tener un "protagonismo" en la propia vida espiritual, buscando un encuentro íntimo que transforme radicalmente.