Se enfatiza que la única víctima en estos casos es el bebé, y se condena enérgicamente cualquier forma de violencia contra menores. Se argumenta que quien agrede a un niño no merece consideración ni redención, y que la justicia debe actuar con firmeza.
Se hace un llamado a no culpar a Romina, quien no estuvo presente en los hechos, y se reitera que la responsabilidad recae en los agresores. La opinión general es que cualquier persona que toque a un bebé, por el motivo que sea, debe enfrentar las consecuencias legales.