Se cuestiona la actitud de la familia de la agresora, que parece "lavarse las manos" y mantenerse en silencio ante los hechos. Se especula sobre posibles vínculos con el crimen organizado o la posesión de armas, lo que podría explicar su reticencia a hablar.
Se plantea la hipótesis de que la mujer podría haber sido víctima de violencia de género y estar coaccionada, pero se insiste en que esto no la exime de responsabilidad si permitió el maltrato hacia su hijo. La falta de intervención y la posible complicidad son puntos clave de la discusión.