Durante décadas, grupos humanos se dedicaron a la explotación de pingüinos para la extracción de aceite y a la lobería en la costa patagónica. En 1850, alrededor de 40 hombres residían en la zona, una cifra considerable para la época en que gran parte de la Patagonia estaba deshabitada por europeos.
Esta actividad extractiva, centrada en los recursos marinos, marcó una presencia humana significativa en la región, a pesar de las dificultades y el aislamiento.