Se argumenta que una parte del progresismo argentino, particularmente el de Palermo, se muestra enojada con figuras populares como Messi, Colapinto y Del Potro, llegando incluso a criticar su éxito o sus decisiones.
Se describe a este sector como "progresismo flat white", desconectado de lo popular y que no soporta el éxito genuino ni el mérito, mostrando una actitud burlona hacia quienes son celebrados por la gente.