Se advierte que la inflación en Argentina está mal evaluada y que, en términos reales, el país se ha vuelto significativamente más caro en dólares, perdiendo competitividad.
Esta situación se atribuye a la devaluación artificial del tipo de cambio y al endeudamiento con altas tasas de interés, un modelo insostenible a largo plazo.
Se proyecta que este modelo económico conducirá a una recesión, beneficiando solo a sectores afines al gobierno como energía, minería y finanzas, mientras que la mayoría de la población sufrirá las consecuencias.
Se descarta una salida similar a la de 2001 (deflación y recesión), pero se advierte un paralelismo con la crisis económica de 1981 bajo el modelo de Martínez de Hoz, caracterizado por el endeudamiento y la recesión inflacionaria.