Se expresaron duras críticas hacia el periodismo, llegando a calificar a los periodistas como "hijos de mil putas" y "lamebotas". Estas afirmaciones surgen de la percepción de que algunos medios y comunicadores actúan de manera servil o parcial, especialmente en relación con figuras políticas.
Se cuestiona la "imbecilidad del periodismo" y se señala la tendencia a meter a todos los comunicadores en la misma bolsa, sin distinguir entre diferentes enfoques o intenciones. Se menciona el caso de un periodista que pasó de ser crítico de Milei a un "lamebotas" del mismo, ejemplificando la supuesta falta de independencia.
Estas críticas reflejan una profunda desconfianza y un enojo hacia ciertos sectores del periodismo, a quienes se acusa de falta de seriedad y de actuar como apologistas de determinados poderes.