Se acusa a Toto Caputo de mentir deliberadamente sobre la situación económica del país y las proyecciones futuras, a pesar de saber que sus afirmaciones son falsas.
Se sugiere que Caputo utiliza declaraciones optimistas para intentar influir en los mercados y evitar caídas en la bolsa y bonos, así como contener la inflación, pero que esto no tiene sustento real.
Se indica que, a diferencia de otros funcionarios que se creen sus propias mentiras, Caputo y Bausili serían conscientes de la falsedad de sus discursos.
Se expresa preocupación por la juventud que confió en Milei y ahora se enfrenta a una realidad económica adversa, mientras que funcionarios como Caputo parecen operar con cinismo e intereses particulares.