La situación de los argentinos varados en el FanFest se agravaba. Más de 5.000 compatriotas no podían llegar al estadio debido al colapso de las rutas y la falta de transporte. Los colectivos, por los cuales habían pagado 15 dólares, no podían ingresar al predio.
La ruta estaba intransitable, y los "shooters" (colectivos o transfers) que los debían llevar al estadio estaban detenidos. Muchos se bajaban de los vehículos y comenzaban a caminar los 8 kilómetros restantes, arriesgándose a perderse la apertura del Mundial y el inicio del partido.