Se especula que el llanto del bebé, posiblemente agravado por un cuadro de neumonía, pudo haber sido el detonante para que los agresores, entre ellos el padrastro, intentaran silenciarlo de forma violenta.
Se reflexiona sobre la juventud de la madre y el padrastro (20 y 21 años), sugiriendo que la falta de educación sexual, capacitación y contención a padres en situaciones extremas podría ser un factor subyacente en estos trágicos sucesos.
Se señala que la madre era reconocida en un centro de asistencia alimentaria, lo que podría indicar dificultades socioeconómicas. Se reitera que, si bien el Estado falla, también hay una falla en el ámbito familiar y personal.