El acuerdo de 60 días con Irán ha generado fuertes críticas, incluso dentro del Partido Republicano, por considerarse demasiado favorable a Teherán. Se levantan sanciones estadounidenses y se desbloquean activos iraníes, mientras que Irán garantiza la libre circulación por el estrecho de Ormuz solo por dos meses.
El régimen iraní permanece intacto y Teherán recupera margen de maniobra económica. A pesar de las críticas, Donald Trump presenta el acuerdo como una victoria y ataca a sus detractores, llamándolos "envidiosos", "malas personas" o "estúpidos".
El presidente estadounidense reconoce la urgencia del acuerdo ante la reducción de reservas mundiales de petróleo, advirtiendo sobre una posible catástrofe económica.