Durante la cumbre del G7 en Francia, el presidente Donald Trump generó un momento de tensión al pararse y ocupar la cabecera de una mesa de reuniones que no la tenía designada. Este gesto, que provocó risas nerviosas entre los presentes, subraya su constante búsqueda de estar en el centro de atención.
El incidente se suma a otros comportamientos de Trump en cumbres internacionales, como el conocido episodio en el que empujó a un líder para posicionarse al frente. La dinámica de poder y la búsqueda de protagonismo de Trump fueron evidentes, incluso con la intervención del primer ministro canadiense para cederle su silla.
Se relata también un episodio en el que Trump se quejó de la altura de su silla, buscando una posición de superioridad. Estas situaciones reflejan un estilo de relacionamiento internacional particular, donde la imagen y el protagonismo parecen ser claves para el mandatario estadounidense.