El control del Kremlin sobre la red se ha intensificado, con bloqueos y restricciones severas en aplicaciones como Whatsapp y Telegram. Los sitios web populares también limitan el acceso a quienes usan VPN, y las agencias de inteligencia rusas ordenan cortes de internet móvil, alegando motivos de seguridad nacional y la posible orientación de drones ucranianos.
La explicación oficial de "seguridad nacional" en el contexto de la confrontación con Occidente por Ucrania oculta un objetivo más profundo: impulsar el uso de aplicaciones estatales y lograr la "soberanía digital". Max, una aplicación de mensajería controlada por BK, es central en esta estrategia, pero genera preocupación por el rastreo de conversaciones por parte del Estado.
Las restricciones han provocado un aumento en el uso de VPN y la adopción de dobles celulares. El costo económico de estas medidas es considerable, afectando el consumo. El descontento social se manifiesta ante las próximas elecciones legislativas, donde Putin busca mantener el control a pesar de una caída en su aprobación y críticas incluso desde el propio entorno oficialista.