Un mirador poco concurrido ofrece una perspectiva única de Quito, permitiendo observar la ciudad alargada entre cerros y sus avenidas que se pierden a lo lejos. El sonido de la ciudad llega atenuado, mezclándose con el silencio y el viento.
Este lugar invita a la contemplación y a la comprensión de cómo la geografía ha moldeado la vida urbana de Quito. Quienes llegan hasta aquí sienten que han descubierto un rincón íntimo y secreto desde donde la ciudad se revela de una manera diferente.