El tercer gol de Messi fue un típico zurdazo contra el palo, inatajable para el arquero. A pesar de la marca de varios jugadores argelinos, Messi encontró el espacio para definir con precisión, demostrando su habilidad para crear oportunidades de gol incluso en espacios reducidos.
Tras el gol, se observó la emoción de Scaloni, quien contuvo las lágrimas. Este momento de conexión entre jugador y entrenador resalta la importancia del triunfo y la presión del Mundial.