Se recuerda el trágico caso de Goiânia (Brasil) en 1987, donde el robo de material radiactivo derivó en la muerte de cuatro personas y la contaminación de 249. Dos chatarreros abrieron una cápsula de plomo con cesio 137, distribuyendo el material entre vecinos.
Las consecuencias incluyeron secuelas sanitarias graves y la necesidad de una compleja descontaminación y demolición de barrios. El incidente ocurrió un año después de Chernobyl, evidenciando los peligros de la radiación.