En Cuba, un país que enfrenta un envejecimiento poblacional acelerado y una profunda crisis económica, los jubilados son uno de los sectores más afectados. La disminución de la natalidad y el éxodo masivo de jóvenes han contribuido a que más del 25% de la población tenga más de 60 años.
Los cortes de electricidad, la escasez de alimentos y medicamentos, y las políticas de Estados Unidos que restringen el suministro de combustible, agravan la situación. Las remesas del exterior, que antes marcaban una diferencia entre cubanos pudientes y pobres, se han reducido drásticamente debido a la devaluación del peso cubano.
El gobierno cubano ha solicitado ayuda al Programa Mundial de Alimentos de la ONU para garantizar la alimentación de los más vulnerables. El expresidente Raúl Castro ha apoyado reformas económicas, pero la incertidumbre sobre posibles acciones de Estados Unidos genera preocupación. La situación actual pone en jaque el vínculo entre el Estado y la generación que lo construyó.