El clima mundialista se apoderó de las calles en la mañana posterior al triunfo de Argentina. El tránsito se vio inusualmente despejado, facilitando la movilidad de quienes se dirigían a sus trabajos, en contraste con la habitual congestión en hora pico.
Diego Richard reportó desde la calle la calma inusual en las vías, atribuyéndola a la celebración generalizada. La gente, aún eufórica por la victoria, parecía tomarse un respiro antes de retomar sus actividades cotidianas, disfrutando del ambiente festivo post-partido.