El pastor Cinalli reflexionó sobre la fugacidad de los placeres y preocupaciones terrenales, contrastándolos con la importancia de lo eterno. Citó inscripciones en una catedral de Milán que señalan que todo lo placentero y preocupante en la vida dura solo un instante, mientras que lo único de importancia es lo eterno.
Instó a vivir más por lo eterno y menos por lo pasajero, recordando que la vida es breve y un punto en la eternidad. La reflexión busca motivar a priorizar los valores espirituales sobre las cuestiones mundanas.