Se expresa una dificultad para conectar emocionalmente con el presente mundial debido a la politización del ambiente. El recuerdo del último mundial genera una mezcla de felicidad y tristeza, teñida por la sensación de que el país se ha vuelto "demasiado oscuro".
Esta percepción agridulce se relaciona con la nostalgia de momentos pasados y la complejidad del presente, impidiendo disfrutar plenamente del evento deportivo.