El Mundial 2026 presenta un fenómeno creciente: jugadores que representan a selecciones de países con los que tienen lazos de sangre u orígenes, pero no necesariamente nacionalidad.
Se discute el caso del hijo de Zidane, que juega para Argelia, y la controversia sobre Lamine Yamal, de padre marroquí, que eligió jugar para España. Se plantea que la inclusión de jugadores así puede transformar a selecciones como Marruecos en candidatas al título.
El segmento también aborda la situación de selecciones como Francia, cuya mayoría de jugadores tiene orígenes africanos, generando debates sobre la representación nacional. Se mencionan otros casos como los hermanos Williams, uno jugando para Ghana y otro para España.