Se narra la evolución de la relación entre Flor de la Ve y Nazarena Vélez, marcada por la competencia y eventuales escándalos en el ámbito teatral. A pesar de las tensiones, se menciona que Gerardo Sofovich actuaba como un mediador entre ambas.
Se indica que, aunque no se llevaban bien, tampoco se llevaban mal, y que la falta de una relación más cercana se debía a la ausencia de oportunidades para interactuar fuera del ámbito laboral.