Se enfatiza el dolor y la angustia que generó la crítica de Pablo Schultz sobre "Billy Elliot". Se argumenta que este tipo de comentarios pueden ser perjudiciales, especialmente para los niños involucrados en la obra.
Se cuestiona la intencionalidad del crítico, sugiriendo que pudo haber estado al tanto del daño que sus palabras podían causar. Se resalta la importancia de la responsabilidad al expresarse y el impacto que esto tiene en la formación y la autoestima de los jóvenes.
Se menciona la necesidad de educar y formar en el uso del lenguaje, especialmente cuando se trata de temas sensibles que afectan a niños y adolescentes. La crítica de Schultz es vista como un acto que requiere reflexión sobre sus consecuencias.