Se relata la historia de Walter David Gulacio, un joven de 17 años que fue detenido ilegalmente el 19 de abril de 1991 durante un recital de Patricio Rey y sus redonditos de ricota en el estadio Obras Sanitarias.
La detención, realizada por la policía en el marco de las "viejas rastrilladas", se basó en averiguación de antecedentes genérica, una práctica ilegal de la época de la dictadura. Gulacio fue trasladado a la comisaría 35 de la Policía Federal, donde permaneció días y fue golpeado. Posteriormente, fue llevado al hospital Pirovano, donde falleció producto de las lesiones.
La investigación inicial apuntó al comisario Miguel Ángel Espósito, pero la causa tuvo demoras y quedó impune. La familia de Gulacio elevó el reclamo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y en 2003 la Corte Interamericana condenó al Estado Argentino.
Como consecuencia de este caso, la Corte Argentina estableció un cambio jurisprudencial: la libertad es la regla y la detención la excepción, prohibiendo las detenciones genéricas. Años después, se realizó un nuevo juicio donde los imputados fueron condenados a tres años de prisión por privación ilegítima de la libertad, pero no por homicidio ni torturas.