El intento de distensión entre Cuba y Estados Unidos llegó con Barack Obama, quien anunció la normalización de relaciones y la reapertura de embajadas. Durante su visita en 2016, Raúl Castro lo recibió con un abrazo, sugiriendo una nueva era.
Sin embargo, la apertura no generó las reformas esperadas por Washington. El régimen de Castro aprovechó el acercamiento para concentrar poder económico en manos militares a través del conglomerado JAESA, que controla gran parte de la economía cubana, incluyendo finanzas, comercio exterior y hotelería. La apertura benefició al régimen sin transformarlo.