La vida en el flanco oriental de la OTAN, especialmente en Estonia, Letonia y Lituania, se ha visto profundamente afectada por la guerra en Ucrania. La cercanía con Rusia genera tensiones y un estado de máxima alerta, con fronteras de menos de 200 metros entre la UE y el país vecino.
En Narva, Estonia, la mayoría de la población es rusoparlante, lo que genera una compleja dinámica de identidad y lealtad. A pesar de los lazos culturales con Rusia, muchos ciudadanos estonios valoran la vida en la UE y sus leyes.
En Letonia, la comunidad rusoparlante, que representa una cuarta parte de la población, ha sido objeto de medidas gubernamentales para fortalecer la soberanía nacional, como la enseñanza exclusiva en letón y la retirada de monumentos soviéticos. Sin embargo, la propaganda rusa sigue siendo una preocupación.
La seguridad en la frontera es una prioridad, con patrullajes constantes y un enfoque en la preparación ante posibles escenarios. La guerra en Ucrania ha redefinido la percepción de la seguridad y la lealtad en Europa, planteando interrogantes sobre el futuro del continente.