Se defiende el talento y el éxito de los jóvenes argentinos en el ámbito global, instando a no subestimarlos y a reconocer sus logros.
Se menciona el caso de jóvenes de 22-23 años y de 17-18 años que alcanzan el éxito internacional, destacando su capacidad y potencial.
Se critica la tendencia de los adultos a cuestionar y desvalorizar las acciones de las nuevas generaciones, a pesar de sus evidentes triunfos.