Se discute el espíritu mundialista y la influencia de las cábalas en el contexto del torneo. La falta de un clima mundialista consolidado se atribuye en parte a la dispersión de los partidos en tres sedes distintas, lo que implica desplazamientos constantes.
Se señala la dificultad para mantener rituales o cábalas debido al trabajo periodístico, que obliga a estar en diferentes lugares y horarios. A diferencia del público general, los profesionales no pueden darse el lujo de ver los partidos siempre en el mismo sitio o bajo las mismas condiciones.
Se menciona el clima gélido en Canadá como un factor que contribuye a la sensación de que el mundial "no termina de armarse". La logística de viajar entre sedes también se presenta como un obstáculo para generar un ambiente de mayor inmersión.