Se advierte sobre la inminente segunda venida de Jesucristo y la importancia de estar preparados, velando como siervos y listos como la novia esperando al novio.
La preparación implica vivir en santidad, dejar atrás los pecados y consagrar la vida a Dios, no solo realizar actos religiosos como sanar o diezmar.
La Iglesia, como novia de Cristo, debe presentarse sin manchas ni arrugas. La salvación y la vida eterna dependen de esta preparación espiritual y consagración, más allá de las obras.