La perla Peregrina, tras pertenecer a la realeza española y ser adquirida por Napoleón III, fue vendida para financiar campañas políticas. Posteriormente, Richard Burton la compró en subasta para Elizabeth Taylor, quien la engarzó en un collar de rubíes y diamantes diseñado por Cartier.
En 2011, la perla se vendió por 11.800.000 dólares a un comprador anónimo. El diamante Taylor Barton, de 68 quilates, fue obsequiado por Richard Burton a Elizabeth Taylor por 1.100.000 dólares, estableciendo un récord en el precio pagado por una joya en esa época.