Se reflexiona sobre la notable energía de Tati Almeida y su activa participación en la lucha por los derechos humanos, comparándola con la de Estela de Carlotto.
Se destaca su capacidad para hacer valer sus convicciones y su presencia constante en diversas actividades, incluso a su avanzada edad.
Se menciona la tristeza compartida por la partida de Tati y la sensación de que son demasiadas pérdidas para asimilar, pero se reafirma la necesidad de seguir adelante.