Los hospitales de Gaza se encuentran al límite debido a la crítica escasez de combustible, suministros médicos y equipos, lo que ha obligado al cierre de departamentos esenciales y a la postergación de cirugías importantes. El Hospital de los Mártires de Al-Aqsa ha reducido sus servicios en un 50%.
La crisis hídrica se agrava con el aumento de las temperaturas, superando los 35-40 grados, y la falta de agua potable. La ayuda sanitaria que llega es insuficiente para cubrir las necesidades básicas de la población. Organizaciones internacionales expresan preocupación por el bloqueo de ayuda humanitaria y su impacto en la atención médica.