El análisis se centra en el discurso de Mark Carney sobre el fin del orden mundial basado en reglas, sugiriendo el inicio de una Segunda Guerra Fría. Nils Gilman, del Instituto Berggruen, interpreta estas palabras como una ruptura con la arquitectura global de los últimos 80 años, marcada por la cooperación entre países a pesar de sus diferencias.
Se argumenta que el orden occidental, sustentado en el poderío económico y militar de Estados Unidos, ha comenzado a tambalearse debido a cuestionamientos de Donald Trump a alianzas como la OTAN y a las reglas comerciales. Esto, sumado a las tensiones geopolíticas globales (China-Taiwán, Rusia-Ucrania, EE.UU.-Irán), plantea un escenario de incertidumbre.
El concepto de "potencias intermedias" emerge como una posible respuesta. Países con poder e influencia, pero que no pueden medirse solos con una superpotencia (EE.UU. y China), podrían unir fuerzas. Se menciona la posibilidad de un movimiento similar al de los países no alineados en la Guerra Fría, incluyendo a naciones de Europa, América Latina, África y Asia.
La nueva división global, según Gilman, no sería ideológica (comunismo vs. capitalismo), sino basada en la energía: Estados Unidos como superpotencia petrolera y China como superpotencia eléctrica. La apuesta por las energías renovables y la independencia de los combustibles fósiles se presentan como factores determinantes en esta nueva "guerra fría", con implicaciones significativas para la geopolítica global y las relaciones internacionales.