Se aborda la problemática del deseo sexual dominante en personas en abstinencia y se aclara que el matrimonio no es la solución para estos problemas, ya que los pecados nacen en el corazón y requieren estrategias espirituales.
Se enfatiza que los pecados sexuales no se resuelven con el ministerio o el tiempo, sino con la intervención del Espíritu Santo y la aplicación de disciplinas espirituales para una cirugía profunda en el corazón, liberando de los caminos de maldad.