La crisis energética global, desencadenada por el cierre del Estrecho de Ormuz tras un ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, ha provocado un aumento en los precios del petróleo y ha impulsado las ventas de autos eléctricos en América Latina y Europa. En Chile, las ventas crecieron un 143% en abril, y en Colombia, la cuota de mercado del auto eléctrico alcanzó el 22%.
A pesar de que los precios del petróleo no alcanzaron los niveles de $250-$300 esperados, el barril de Brent llegó a $126, casi el doble de su valor previo a la guerra. Esto, sumado a las medidas de algunos gobiernos latinoamericanos como el congelamiento de precios de combustibles en Argentina y subsidios en México, no ha evitado el temor a nuevas subidas y la volatilidad geopolítica, empujando a los consumidores hacia los vehículos eléctricos.
China emerge como un actor clave en este escenario, con marcas como BYD expandiendo su presencia en la región. En Brasil, el 89% de las ventas de autos eléctricos corresponden a fabricantes chinos. Esta expansión se ve favorecida por una guerra de precios a la baja en el mercado chino, que ofrece modelos más económicos que la competencia. La apertura de importaciones en Argentina, impulsada por Javier Milei, también ha facilitado la entrada de estas marcas.
La Comisión Europea advierte que la crisis energética podría extenderse por meses o incluso años. Si bien el precio de la gasolina es un factor importante, el costo del vehículo eléctrico también juega un rol crucial. La competencia china ha logrado abaratar significativamente los autos eléctricos, una ventaja que podría consolidar su dominio en la región, especialmente ante la volatilidad del mercado petrolero y la creciente demanda de energías alternativas.