Se enfatiza la importancia de una "mirada profunda" y una estructura familiar sólida para una crianza responsable de los adolescentes. Ambos padres, o al menos un adulto, deben estar atentos a los cambios en la personalidad y las emociones de los jóvenes.
Se destaca que el diálogo y la contención son fundamentales para que los padres puedan registrar lo que les sucede a sus hijos, en lugar de conformarse con respuestas superficiales como "estoy bien".