Se reflexiona sobre la tendencia actual de no sentir vergüenza al ser descubierto en actos ilícitos, a diferencia de épocas pasadas. Se menciona el caso Aspert como un ejemplo de cómo se arman situaciones para dañar la reputación de un gobierno.
Se critica la indiferencia y crueldad de Adorni ante las acusaciones de corrupción, contrastando con su supuesta defensa. Se cuestiona de dónde proviene el dinero que Adorni gasta y que no puede justificar.