Se generó un debate sobre las teorías psicoanalíticas, como la "envidia del pene", y su validez en el siglo XXI, contrastándolas con la evidencia científica actual, especialmente en lo referente a la genética.
Se cuestionó la tendencia de algunas corrientes psicológicas a negar el componente genético de ciertas condiciones como la esquizofrenia o el autismo, culpando a factores ambientales o a la figura materna (madre esquizofrenizante/heladera).
Se argumentó que la negación de la genética impide un debate científico profundo y que enfoques como el conductismo y el psicoanálisis, al no considerar la base genética, asignan erróneamente la responsabilidad de las patologías al ambiente o a la crianza.