El segmento inicia con la pregunta sobre quién se queda con la ofrenda, y se cita al apóstol Pablo, quien ruega que se entregue la vida a Dios.
Se enfatiza que la vida es una ofrenda que debe dedicarse a Dios para agradarle, y que por lo tanto, Dios se queda con nuestra ofrenda.
Se menciona el ejemplo de los creyentes macedonios, quienes se ofrendaron a sí mismos a Dios como el primer y más excelso sacrificio.