Se reflexiona sobre la figura de un mecánico que se volvió multimillonario al asociarse con Dios, sembrando el 90% de sus ingresos.
Este hombre entendía que nada le pertenecía y que solo se quedaba con el 10% de Dios, considerándose un administrador y no un dueño.
Se contrasta esta actitud con la de los fariseos, quienes saben la teoría pero no la practican, viviendo como dueños en lugar de administradores de los bienes divinos.