El interés de Donald Trump por Groenlandia, calificado de absurdo por la primera ministra danesa Mette Fredrickson, se remonta a intentos previos de Estados Unidos por adquirir el territorio.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Groenlandia se convirtió en un punto estratégico clave para Estados Unidos, que obtuvo permiso para construir bases militares y estaciones de radar, desempeñando un papel crucial en operaciones como el Día D.
Tras la guerra, Truman ofreció comprar la isla por 100 millones de dólares, pero Dinamarca rechazó la oferta. En el contexto de la Guerra Fría, la centralidad de Groenlandia en la defensa antimisiles entre EE.UU. y la URSS reforzó la presencia militar estadounidense.
La base aérea de Thule (Pitufik) se expandió significativamente, llegando a albergar a casi 10.000 personas en los años 60. Hoy, aunque reducida, sigue siendo un elemento clave del sistema de defensa de EE.UU., cuya soberanía militar nunca había sido cuestionada hasta el anuncio de Trump de querer anexionar el territorio.