Se advierte a los predicadores sobre la práctica de pedir ofrendas prometiendo riquezas materiales, calificando esto como "veneno" y un "negocio".
Se enfatiza que la motivación para ofrendar no debe ser el recibir, sino el agradecimiento por ya haber sido bendecidos, como en el caso de la entrega de Jesucristo.
Se recuerda que la palabra de Dios no falla y que él cumple sus promesas de prosperidad para los generosos, pero la motivación principal no debe ser el afán de lucro.