Se relata la venta de elementos de ferretería como sogas, cadenas y materiales, que se sospecha fueron utilizados para encubrir el femicidio de Agostina.
La mujer que vendía los elementos no preguntaba para qué los compraban, lo cual es visto como parte de un posible encubrimiento.
Se expresa asombro ante el cinismo y la capacidad de mentir de algunas personas, calificando los hechos como algo que "supera".