Santiago relata su difícil historia personal, que comenzó a los 12 años con sentimientos de inferioridad y la incursión en vicios junto a sus compañeros. Experimentó decepciones amorosas que lo llevaron a la depresión y la automutilación a temprana edad.
A pesar de ocultar su sufrimiento, su padre lo descubrió con las venas cortadas. Para evitarlo, recurrió al consumo de sustancias, iniciando con cigarrillos y luego marihuana, LSD y alcohol. Llegó a consumir entre 15 y 20 gramos de marihuana por día.
Santiago describe pensamientos suicidas recurrentes y un profundo sentimiento de vacío y tristeza. La situación se agravó con problemas familiares, hasta que un día su hermano, con quien solía pelear, lo invitó a la Iglesia Universal.