Jóvenes de Bangladesh, como Armand, son reclutados por Rusia con la promesa de un trabajo en el extranjero, solo para ser obligados a firmar contratos con el ejército y enviados al frente de guerra en Ucrania. A pesar de haber sobrevivido a un ataque con mina que le causó graves heridas, Armand no recibe ayuda ni indemnización alguna al regresar a su país.
Las secuelas de la guerra son devastadoras, con metralla alojada en su pierna y la imposibilidad de trabajar para cubrir los costosos medicamentos. La experiencia traumática de Armand, marcada por la visión de compañeros mutilados y muertos, contrasta con la promesa inicial de un futuro mejor.
El joven se encuentra en una situación de profunda vulnerabilidad, buscando un porvenir mientras lidia con las consecuencias físicas y psicológicas de su participación forzada en el conflicto.