Se cuestiona la veracidad de la inflación oficial del 2,1% de mayo, ya que los datos del INDEC muestran aumentos significativos en verduras (más del 50%) y lácteos (más del 7%). La gente en la calle no percibe esta baja en sus bolsillos.
Se compara la inflación oficial con la del "pendrive Adorni", sugiriendo que ambas están "dibujadas". La brecha entre los datos oficiales y la realidad cotidiana genera desconfianza en la población.
Los ingresos siguen pisados, lo que dificulta la recuperación del poder adquisitivo. La credibilidad del gobierno en materia de inflación se ve erosionada, a pesar de los esfuerzos por comunicar datos positivos.