Se generó una conversación sobre la estética de un programa de televisión y la calidad de su escenografía.
Se elogió el trabajo de Simena, descrita como "la negra Simena", y se la reconoció como una de las mejores escenógrafas del país.
El comentario surgió en el contexto de la preparación de vacaciones y la planificación de programas, generando una defensa apasionada de la calidad del diseño escenográfico.