Se expone el modus operandi de Barrelier, quien supuestamente tomaba fotos de mujeres atadas y semidesnudas para enviarlas a otras personas a cambio de dinero, como parte de una posible red de extorsión.
La defensa de Barrelier intenta minimizar los hechos, argumentando que se trataba de una simple cinta y no de ataduras, y que él mismo llamó a la policía.
Se cuestiona esta versión, ya que Milagro recuerda haber visto a un hombre acercarse en un auto y preguntar qué sucedía, lo que podría ser relevante para la causa.