La periodista reiteró su postura crítica hacia el Mundial de Fútbol, argumentando que "no hay que ver este mundial" debido a controversias relacionadas con políticas migratorias y derechos humanos. Se mencionó la deportación de un árbitro somalí y un "polémico control" al equipo de Senegal, lo que generó un pedido diplomático de la ONU a Estados Unidos para "repensar a fondo su política migratoria".
La crítica principal se dirigió a la FIFA, que, a pesar de las declaraciones de su presidente sobre el apoyo a los árbitros, no intervino ante la expulsión del árbitro somalí, alegando que no se inmiscuiría en la política migratoria del país anfitrión. Esta postura de la FIFA fue interpretada como una falta de compromiso con sus propios principios y con los derechos humanos.