China mantiene una diplomacia de doble estándar, presentándose como pacificadora regional mientras sostiene una alianza ideológica con Corea del Norte. A pesar de las tensiones en la región por el programa nuclear norcoreano, la visita de Xi Jinping a Pyongyang reafirma la importancia de esta alianza para Beijing.
Para China, la estabilidad de la región y el mantenimiento de su influencia son prioritarios, incluso si esto implica respaldar a un régimen como el de Corea del Norte. La relación entre ambos partidos comunistas, a pesar de la naturaleza hereditaria del poder en Pyongyang, se mantiene fuerte, consolidada en lazos históricos y simbólicos.